Un santuario en el bosque

Un santuario en el bosque

¿Te acuerdas de los incendios que hubo hace algunos meses por toda la república? En la Ciudad de México y otras megalópolis declararon contingencia ambiental tras el aumento de contaminantes que provocaron estos incendios. Y ahora que ya estamos bien entrados en temporada de lluvias los charcos y estancamientos en las calles se han vuelto cosa de todos los días. Pareciera que año con año el planeta nos la está cobrando cada vez más cara.

Y por si no fuera suficiente con las catástrofes climáticas que se repiten una y otra vez, el ritmo de vida en la ciudad sólo se intensifica. A veces me siento como un hámster corriendo frenéticamente en la rueda de dormir-tráfico-trabajo-tráfico-gym-dormir, esperando esa quincena que cuando llega se va como agua.

Fue reflexionando sobre esta problemática que decidí un día reconectar con la naturaleza. Pero ¿cómo? Si en plena capital los espacios verdes parecen contados con los dedos de la mano. Pues resulta que no; ni siquiera tuve que salir de la ciudad para sumergirme en uno de los pulmones más importantes que tenemos en el Valle de México: el Ajusco.

El Parque Ejidal San Nicolás Totolapan está a tan solo 30 minutos del periférico subiendo por la carretera Picacho-Ajusco y está desbordando de vida. Árboles gigantescos de más de 150 años de edad han visto la ciudad a las faldas del monte transformarse y crecer como una mancha de tinta gris. Una noche de campismo bajo estos titanes de madera, cuyas hojas y ramas forman un inmenso paraguas que protege de la lluvia, y despertar al amanecer con el canto de mil pájaros fueron la fórmula perfecta para despejar la mente completamente.

El espacio está diseñado para disfrutar de la naturaleza de todas las formas imaginables: puedes hacer bici de montaña, aventarte por la tirolesa, correr en pleno bosque o practicar yoga bajo los árboles. Y lo mejor de todo es que es un lugar seguro, protegido por los más de 300 ejidatarios que cuidan del bosque y viven de las ganancias que los visitantes del parque generan. Además de que ha dado vida a otros proyectos, como los campamentos ambientales Kokún, un grupo de jóvenes que ha desarrollado un programa de educación ambiental enfocado en cambiar los hábitos que más daño le hacen al planeta.

Durante la experiencia que viví con ellos aprendí a elaborar desodorante y otros artículos de higiene personal que pensé que jamás podría sustituir, disfruté intensamente del bosque, y conocí personas que comparten la misma preocupación que me ha generado ver los estragos del cambio climático. Una noche de campismo bajo esos titanes de madera y despertar al amanecer con el canto de mil pájaros fueron la fórmula perfecta para despejar la mente y renovar mi perspectiva.

Todos necesitamos un break de la realidad de vez en cuando. Pero si podemos hacerlo rodeado de belleza y aprendiendo cosas nuevas e interesantes, tanto mejor, ¿no crees? Si quieres enterarte de más consejos para ayudar al planeta y de los campamentos que están preparando para el resto del año, no dejes de seguirlos en su página de Facebook. No te pierdas la oportunidad de conocer este hermoso santuario natural.

Por: Gabriel Hammeken

@ghammeken

@kokuncamps

 

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